La vida era escudriñar nuevos sentidos para las cosas hasta en la espuma de la leche. Tenía un gato para pensar que era dos personas, y un reloj para imaginarme que llegaba tarde. Y un cuaderno para apuntar las cosas que no llegaban a pasar.
La vida era tener los ojos secos y abiertos, cegados, y escalofríos. Dolor debajo de las orejas, siempre pensando en otra cosa. Un pequeño pozo de amor , y unas ansias locas de salir corriendo a cualquier parte lejos, a una cueva. En el Ruwenzori, lo menos.
Tener sueño es alienante. Dormir es la máxima evasión. Sólo observar es lo que hacen los dormidos cuando están despiertos.