Te han crecido los ojos en la cara.
La bola de cristal ha hecho su efecto.
Solitaria y de permiso, adviertes,
desfragmentando los clusters del recuerdo,
los posos de café en silencio.
La vida era escudriñar nuevos sentidos para las cosas hasta en la espuma de la leche. Tenía un gato para pensar que era dos personas, y un reloj para imaginarme que llegaba tarde. Y un cuaderno para apuntar las cosas que no llegaban a pasar.
La vida era tener los ojos secos y abiertos, cegados, y escalofríos. Dolor debajo de las orejas, siempre pensando en otra cosa. Un pequeño pozo de amor , y unas ansias locas de salir corriendo a cualquier parte lejos, a una cueva. En el Ruwenzori, lo menos.
Tener sueño es alienante. Dormir es la máxima evasión. Sólo observar es lo que hacen los dormidos cuando están despiertos.