Éste es el sexto año que vivo fuera de casa, en un piso más o menos compartido.
Cinco años ya acostumbrada a llevar a casa a quien me dé la gana, llegar siempre tarde a todas partes y a hacer la comida, y a veces la cama.
Otro año más realizar el rito de pasear la ciudad mirando a todas partes para recoger teléfonos de gente que alquila pisos, patear arriba y abajo, dudas y apuros, para al final llevar tus cosas y pensar "no es lo que quería, pero se puede vivir aquí...".
Y hacer papeleos, y ponerme enferma siempre en octubre, a veces con toda mi familia en el extranjero, e ir un par de días a clase hasta que paso de todo porque ya me miran raro cuando sigo tosiendo, y hace tanto frío y sueño a las ocho...
Este año debe ser diferente, porque ya estoy harta.
Este año pasan cosas desagradables, como siempre, pero ya sé que lo peor aún está por llegar, y que lo mejor le acompañará, calladito, para que no me dé cuenta de que está ahí hasta que ya se ha ido.
Ya estoy sobre aviso y voy a pillarlo. Conste en acta.